Como eje central de la intervención, se diseñó e implementó el sistema de Primeras Entradas, Primeras Salidas (PEPS), debido a que la cantidad de alimentos donados suele superar la capacidad de almacenamiento y rotación, ocasionando que algunos productos caduquen antes de ser utilizados.
Se implementó el método PEPS (Primeras Entradas, Primeras Salidas) en el Hogar Marillac mediante la reorganización del almacén y de las cámaras de refrigeración. Asimismo, se estableció un sistema de etiquetado y se colocaron materiales visuales de apoyo para facilitar la correcta rotación de los productos. Finalmente, se capacitó al personal a través de dinámicas participativas, con el propósito de fortalecer la comprensión y aplicación adecuada del sistema.
Se inició con una visita de observación diagnóstica. Posteriormente, se llevó a cabo la limpieza y reorganización física del almacén y de las cámaras de refrigeración. Más adelante, se impartió una capacitación dinámica al personal, enfocada en actividades prácticas con el objetivo de fomentar la confianza, la motivación y la correcta aplicación de los procedimientos. Finalmente, se realizaron visitas de seguimiento para verificar la permanencia y efectividad de los cambios implementados.
El espacio físico era reducido y sin organización previa. Los productos llegaban como donaciones, frecuentemente sin etiquetas ni fechas y en grandes cantidades, también, se recibía productos con fechas cercanas a caducar, lo que hacía más común el desecho de alimentos. Asimismo, el personal mostraba resistencia al cambio y el tiempo disponible en cada visita era limitado.
“A partir de la experiencia que viví, reafirmo que mi licenciatura en gastronomía tiene un potencial significativo para incidir positivamente en diversos aspectos de la vida de las personas. Considero que no se limita únicamente a la preparación de alimentos, como comúnmente se piensa, sino que constituye una disciplina profundamente humana. En este sentido, la oportunidad de servir a los adultos mayores de este hogar fue especialmente enriquecedora para mí.”
“Durante este proyecto en el asilo aprendí que todo lo que he adquirido en mi carrera puede servir para ayudar y enseñar a otras personas. Fue un reto personal, ya que tuve que aprender a tener paciencia, empatía y buscar la mejor manera de comunicarme con los adultos mayores. Además de compartir conocimientos, esta experiencia me permitió convivir con los abuelitos y comprender la importancia de brindar apoyo, atención y compañía. Sin duda, fue una experiencia que me dejó un gran aprendizaje tanto profesional como personal.”
“Desde que entré a la carrera quería explorar la gastronomía en una forma más amplia, no solo reducirla al sector restaurantero. Esta experiencia me ayudó a comprobar que parte de nuestra misión como gastrónomas, es intervenir con conocimiento para lograr el bien común, en diversos espacios, como lo fue el asilo.”
“Todo el conocimiento se debe valorar, me parece que es uno de los aprendizajes más importantes que me dejó este proyecto. Ponerse en los zapatos de alguien más, comprender y juntos desarrollar una estrategia para llegar a un objetivo en común, que en este caso fue mejorar la calidad de vida a través de la alimentación fue una experiencia muy enriquecedora y bonita. Cuidar de los demás es de lo más bonito de la gastronomía.”
“Comprendí que la gastronomía no solo es cocinar, también implica preocuparse por la salud de quien consume lo que preparamos, así como la organización, higiene, trabajo en equipo y ayudar a mejorar espacios de trabajo. Además, el trabajo en el Hogar Marillca me hizo entender la importancia de adaptarse, comunicarse y trabajar directamente con las personas. “
“Pensé que el reto iba a ser técnico. Resultó ser humano. Este proyecto me enseñó que ser gastrónoma no es solo saber cómo almacenar correctamente un alimento, sino entender a quién le estas cocinando y por qué eso importa. La convivencia con el personal y los residentes del Hogar Marillac me recordó que el impacto real no está en los carteles que instalas (aunque también son útiles), sino en las personas que se quedan.”
Este proyecto nos enseñó que la gastronomía también ocurre en los pasillos de un asilo, frente a un estante desordenado y en la conversación con una cocinera dispuesta a aprender. Llegamos con conocimiento técnico; salimos con algo que el aula no siempre enseña: la capacidad de adaptarlo a personas reales, con recursos limitados y contextos complejos.
El trabajo social en gastronomía no es una extensión opcional de la carrera, es parte de su núcleo. Quienes preparamos alimentos para poblaciones vulnerables tenemos una responsabilidad que va más allá del sabor: garantizar que lo que llega al plato sea seguro y que quienes lo preparan cuenten con las herramientas para hacerlo bien.
Lo más valioso no fue instalar carteles ni enseñar PEPS. Fue ver al equipo de cocina del Hogar Marillac recordarse entre sí los procedimientos aprendidos. Más que un cierre, entendemos esto como el inicio de una responsabilidad: intervenir con rigor, con empatía y con la convicción de que alimentar bien a quienes más lo necesitan es, también, un acto de justicia.